Los cabritos y el lobo.-

Jacob Ludwig  y Wilhelm Kart Grimm son famosos por sus centenares de cuentos para niños entre los que está el cuento del lobo y los siete cabritos, que explica que la forma de reconocer al lobo, viéndole su patita, es importante para saber  reconocerlo debajo de cualquier disfraz que pueda traer.

Y no es tarea fácil esa de descubrir al astuto lobo.

Las ultimas manifestaciones realizadas en Madrid, cuyas consignas han ido cambiando de “rescatemos  la democracia”, “queremos un periodo constituyente” a “gobierno dimisión” ha resultado se un claro ejemplo de como por mucho que se oculte al lobo se le pueden ver las patitas.

La frase de Alfredo «Mi sensación es que a este gobierno el país se le está yendo de las manos» para a continuación decir “El Gobierno tiene que explicar qué pasó ayer y por qué la Policía actuó así», es sin duda el paradigma, esto es el máximo ejemplo, de un ejercicio de cinismo político.

La desvergüenza en el mentir, no olvidemos que entre otras cosas fue ministro del interior, de Rubalcaba nos pone sobre la pista de quien, como lobo, va sacar rédito político de la movilización romántica de los ciudadanos que acuden a la contestación callejera como salida a su frustrada ira.

Insisto en que Madrid no se va a convertir por mucho que algunos se vayan a chillar a la calle en una “comuna”  libertaria, como lo fue Paris en 1871,  durante dos meses.  Porque entre otras muchas cosas los manifestantes en su mayoría ni son de Madrid, me llamo la atención ver que había muchas pancartas individuales escritas en Catalán, ni tienen logística suficiente para aguantar mucho mas que los que acamparon en Sol, en Mayo pasado.

Además a la vuelta de unos días, de hecho para el viernes ya se anuncian, las tormentas y el frio se harán con el clima de la capital, con lo que los manifestantes por razones naturales van a desaparecer de las calles.

El sistema capitalista, ese que pretende derrotar los manifestantes, ha asumido la revuelta callejera como un elemento más de la sociedad moderna y mientras su número sea controlable por las fuerzas policiales, creadas y dotadas de modo singular para tales tareas, va a seguir haciendo caso omiso a gritos y pancartas. Y no darse cuenta de esto es cosa de inocentes cabritos que se comerá el lobo por no haberle visto la patita, como en el cuento de los hermanos Grimm.

Por cierto los hermanos Grimm además de cuentistas fueron reformadores de las instituciones políticas alemanas al ser miembros del parlamento de Fráncfort, que  redactó la Constitución de Fráncfort de 1849.

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