De noche, todos los gatos son pardos

Mi amigo José Manuel, estaba el otro día realmente enfadado por el trato dado por la policía a un viejo conocido de su Vigo natal. La foto que recorrió el mundo de un anciano arrastrado por la policía y esposado, le llego a su “paraíso” brasileiro y lo  solivianto.

La imagen es realmente es fuerte y más si sabes que el detenido es  un exempleado de banca de Redondela (Pontevedra), de 72 años, viejo luchador antifranquista.

José Manuel me argumento que consideraba la intervención policial un atropello a los derechos de su amigo a discrepar.

Ya se han calmado un poco las aguas y han pasado varios días desde el incidente, que se origina cuando el bueno de Quinteiro , que así se llama el anciano, intento coger al porra de un policía antidisturbios, extremo este que el mismo confirmo a la prensa si bien con intención distinta de la que dice el agente .

Y es que Quinterio , como se llama el  amigo José Manuel, ignoro un principio básico cual es que para evitar el pecado lo mejor es evitar la tentación o dicho en términos mas seglares si evitas el riesgo  reduces las posibilidades del accidente.

Pues como  dijo ya hace algún tiempo un estudioso de las ciencias sociales, medico de profesión y antropólogo de vocación, en su libro “La psicología de las multitudes”  (Gustave Le Bon (n. 7 de mayo, 1841 – † 13 de diciembre, 1931) , dentro de una multitud la individualidad y las aptitudes intelectuales se anulan y el accionar de la persona se subordina al accionar colectivo.

Así pues para un agente antidisturbios si en una refriega con el grupo de manifestantes  uno de ellos lo intenta desarmar, que es como el percibe la acción de cogerle la porra, para él lo que tiene en frente no es a un anciano de 72 años, viejo luchador antifranquista, que ejerce sus derechos a manifestarse. Para el Policía lo que tiene enfrente es  a un individuo que lo quiere desarmar y por lo pronto es potencialmente peligroso, así que  de momento, con la ayuda de otros agentes, lo detiene y se lo lleva a la comisaria.

Y es que si la integración en una masa de gente supone la anulación del individuo y según Le Bon «En el individuo en muchedumbre la personalidad consciente se desvanece, predomina la personalidad inconsciente, hay una orientación por vía de la sugestión y contagio de los sentimientos y de las ideas en un mismo sentido, tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas. No es el individuo mismo, es un autómata, en quien no rige la voluntad». ¿Qué razón tiene el agente antidisturbios para entender que la conducta de cogerle la porra no era un ataque que ponía en peligro  su propia persona?

Recuerdo que cuando hice el servicio militar en el cuartel de San Fernando en Pontevedra, hoy facultad de bellas  artes , y con ocasión de que había cierto revuelo en Vigo debido a manifestaciones de obreros, se nos reunió en el patio y el capitán de nuestra compañía de plana mayor, que era el oficial del temido SIM (en realidad se llamaba servicio de información y policia militar) nos dio una serie de recomendaciones para evitar ser arrestados por la policía si coincidíamos con algún tumulto, pues en aquel entonces podía ser causa de un consejo de guerra.

Uno de estos consejos era que en caso de carga policial había que permanece sin moverse pegados a una pared o meterse en un portal, otro era nunca increpar ni gritar a los agentes de policía, otro era nunca salir corriendo, otro si había que pasar por delante de la policía hacerlo sin mirarlos de frente y con las manos libres y las palma abiertas.

Parecen chorradas pero son aptitudes que funcionan.

¿Se puede pretender tener derechos individuales en una trifulca colectiva? ,  como la que se puede formar con ocasión de una manifestación, donde «El individuo en muchedumbre adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de poder invencible que le permite ceder a instintos que, solo, hubiera seguramente refrenado. Esta falta de freno se dará tanto más cuanto el anónimo de la muchedumbre sea mayor, porque como el anónimo implica la irresponsabilidad, el temor, el sentimiento de la responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente».( La psicología de las multitudes ,Le Bon, Cap. I)

Yo entiendo que desde el momento en que entras a formar parte de la masa se hace una cesión de tu derecho individual en favor de la masa y por lo tanto tu protección jurídica individual decae.

Lo ocurrido con Quinterio y muchos con  buenas intencionadas fue un desafortunado accidente por estar integrado en una masa de gente.

Y es que de noche, todos los gatos son pardos.

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